Lectura bíblica: Nehemías 7:73b-10:39

Esta parte del libro de Nehemías es un relato muy emotivo de la renovación espiritual del pueblo, liderada por Esdras, el escriba que había regresado del exilio en el año 458 a. C., catorce años antes de que Nehemías viniera a reconstruir los muros. Ya con la ciudad santa de Dios restaurada, Nehemías emprendió la restauración del pueblo de Dios. El pueblo se congregó delante de la puerta de la Aguas, mientras Esdras y los levitas leían de la Tora (la ley de Moisés). Esdras leyó desde la mañana hasta la tarde y el pueblo respondía con alabanza y adoración. Se inclinaban ante la santa presencia de Dios y lloraban al recordar sus pecados. Pero Nehemías, Esdras y los levitas les dijeron que no se afligieran, que más bien se regocijaran puesto que era un día bendito y sagrado.

Por la lectura de la ley, la gente se dio cuenta de que aquel mes séptimo, justo el mes en que ocurría este evento, era el mes para celebrar el Sukot, la fiesta de los tabernáculos, o de tiendas. La exultante congregación de Israel construyó sus albergues temporales para conmemorar sus andanzas durante el éxodo, celebrando de una manera que no se había visto en Israel desde los tiempos de Josué, mil años atrás. Cuando hubo terminado el festival, el pueblo se congregó de nuevo en una temporada de arrepentimiento y de renovación del pacto de Dios con Israel. Los levitas hicieron un repaso del pacto y de la historia de Israel en una larga y vigorosa oración, y luego la pusieron por escrito. Los gobernantes y el pueblo ratificaron el pacto, sellándolo con la promesa de obedecer las disposiciones del pacto de Dios.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué la gente se puso a llorar cuando Esdras leyó la ley?
  2. ¿Por qué la gente se volvió a reunir después del Sukot llevando cilicio y tierra sobre sí?
  3. ¿Quién fue la primera persona que firmó el pacto que se había escrito (10:1)?
  4. ¿Por qué selló el pueblo su promesa de obedecer a Dios?

Reflexión

La adoración de los israelitas nos enseña un patrón que podemos seguir en nuestros días. Se regocijaron por el don de la santa Palabra de Dios que les enseñó lo que Él espera de su pueblo, y también ellos se acercaron a Dios con temor reverencial, examinándose a sí mismos y con actitud de arrepentimiento. En otras palabras, actuaron conforme a la palabra que oyeron.