Lectura bíblica: Salmo 8:1-9

El Salmo 8 empieza y termina tributando a Dios la más solemne alabanza, por lo que resulta un maravilloso salmo para comenzar este estudio. En los versículos 1 y 9 el autor, identificado en el superíndice como el rey David, usó el nombre personal de Dios que Él reveló a Moisés en el episodio de la zarza ardiente (Éxodo 3:14): Yahvé, el Dios del pacto con Israel. El majestuoso nombre de Dios encaja a la perfección en este salmo. Dios trata con su creación de manera personal, se interesa por la humanidad y cuida de nosotros. Al mismo tiempo, es el Amo de la creación y el que domina sobre todo.

El salmo empieza declarando cuán majestuoso es el nombre de Dios. Después pasa de la Tierra al Cielo, de Dios a su pueblo y luego repite la secuencia. Frente a la manifestación de la gloria de Dios, debemos tener una capacidad de asombro y admiración propia de los niños. Dios demuestra su gran amor por la humanidad en que se interesó lo suficiente para ponernos, en términos de rango en la creación, justo debajo de los ángeles. El versículo 9 termina el salmo tal como empezó: ensalzando la majestad del Señor.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué ordenó Dios que su alabanza viniera de los labios de los niños y de los bebés?
  2. ¿Por qué la creación de Dios produce tal sobrecogimiento en el autor?
  3. ¿Cómo podemos decir a partir de este salmo que Dios ama a la humanidad más que a toda su creación en la Tierra?
  4. ¿Qué consuelo podemos hallar en el nombre de Dios que acabamos de mencionar (Yahvé)?

Reflexión

¿Lo asombra la grandeza de Dios cuando mira las estrellas? Es reconfortante y a la vez un motivo para ser humildes comprender que somos los beneficiarios del tierno afecto y cuidado de Dios. Aprendamos de los niños y cultivemos la misma actitud de asombro que ellos tienen ante las maravillas de Dios.