Lectura bíblica: Salmo 18:1-50

Este salmo es uno de los más grandiosos. Es un canto de alabanza a Dios por haber protegido y librado al rey y guerrero David de todos sus enemigos. El salmista nos dice que confiar en Dios es mejor que tener una roca o una fortaleza elevada para protegerse (en el versículo 2 «fortaleza» es el mismo término básico del nombre hebreo para designar la fortaleza de Masada, cerca del mar Muerto). Observe también que el Salmo 18 es casi idéntico a 2 Samuel 22, que fue el cántico original de alabanza que compuso David cuando Dios lo libró de sus enemigos.

Podríamos pasar horas estudiando y contemplando en estos versículos todas las metáforas en cuanto a Dios y sus obras. David comparó la intervención de Dios para rescatarlo con las grandes agitaciones en la Tierra y la atmósfera. Es impresionante contemplar el poder de Dios, y puesto que Él es también el Dios justo, sus acciones son siempre justas. A lo largo del salmo, David habló de su fortaleza en el Señor no con jactancia, sino para decir lo que Dios había hecho a favor suyo y por medio de él.

Preguntas de estudio

  1. Lea los versículos 1-3 y escriba las palabras que hablan de la protección de Dios hacia su pueblo.
  2. ¿Por qué le agradó a Dios rescatar a David de las circunstancias que ponían en riesgo su vida? (pista: lea los versículos 20–24).
  3. ¿Qué se propone el autor enseñarnos en los versículos 25-27?
  4. El camino de Dios es perfecto (v. 30), y por eso pudo hacer perfecto el camino del salmista (v. 32). ¿De qué manera puede este pensamiento consolarnos hoy?
  5. David atribuyó toda su fortaleza y todas sus hazañas al Señor. ¿Qué lección podemos aprender de su ejemplo?

Reflexión

Por nuestra debilidad como seres humanos y frente a la realidad del poder de Dios, la humildad es el camino que más nos conviene. En vez de alabarnos a nosotros mismos por las victorias, para sentirnos buenos o importantes, es mejor que sigamos el ejemplo del autor del Salmo 18 y ofrezcamos a Dios la acción de gracias que Él merece.