Lectura bíblica: Salmo 121:1-8

Cualquier viajero que se dirija a Jerusalén desde cualquier lugar de Israel podría levantar los ojos y mirar la montaña sobre la cual está la ciudad santa.

Este es el escenario del Salmo 121, aunque en este caso los viajeros no realizaban un viaje cualquiera. Eran peregrinos que iban hacia Jerusalén para adorar durante las festividades anuales: de la Pascua, de Pentecostés y de los Tabernáculos. Era obligatorio que los varones israelitas estuvieran en la ciudad.

Por consiguiente, el Salmo 121 se llama «un cántico de ascenso». Cuando el peregrino levantaba sus ojos para contemplar a Jerusalén, recordaba así a su gran Dios que había escogido a esa ciudad como su morada.

Dios no solo protegió de todo mal a los viajeros en su recorrido a Jerusalén durante estas festividades de adoración y alabanza, sino que Él es la protección eterna de su pueblo. Él siempre vela sobre aquellos que le temen, hoy y por siempre.

Preguntas de estudio

  1. ¿Cuál atributo específico de Dios le dio al salmista la seguridad de que Él era poderoso para proveer toda la ayuda que él necesitaba?
  2. ¿Por qué es importante para nosotros saber que Dios nunca duerme ni se adormece?
  3. En este salmo, el sol y la luna representan el daño que podríamos sufrir en el día o en la noche. ¿Por qué el salmista intenta hablarnos acerca del cuidado de Dios usando estas figuras del lenguaje?

Reflexión

Dios quiere que sepamos que Él es la fuente de toda nuestra ayuda y apoyo. También quiere que encontremos consuelo en su fortaleza y en su ojo vigilante. Debemos refugiarnos en Dios y descansar en el conocimiento de que Él vela por nosotros «desde ahora y para siempre».