Lectura bíblica: Salmo 19:1-14

El Salmo 19 es otro pasaje de la Escritura lleno de sabiduría. Estos versículos enseñan al lector la actitud que debe tener hacia Dios como creador y dador de la ley. Los versículos 1-6 ensalzan la grandeza de Dios por la manera en que Él dispuso los cielos y el firmamento y por ser el creador de todo lo visible. El universo es majestuoso, pero revela a un Dios aún más majestuoso. La figura predominante del universo visible es el Sol, al cual adoraban muchas naciones vecinas de Israel. Pero aquí aprendemos que el Dios verdadero destinó un lugar para el Sol y que tiene dominio sobre este.

La contemplación de la revelación de Dios en la naturaleza llevó a David a meditar en la revelación de Dios en la ley, o la Tora. David se valió de todo tipo de imagen para describir la Tora como vida, luz, sabiduría, gozo y verdaderas riquezas para quien la obedece y se deleita en ella. La ley de Dios es mucho más valiosa que el oro, la más preciosa mercancía en el tiempo de David. Pero el salmista no se limitó a hablar de las perfecciones de la ley, también fue consciente de que una revelación tan gloriosa requiere de la actitud correcta de su parte: de un corazón limpio del que broten palabras y pensamientos agradables al Señor.

Preguntas de estudio

  1. Este salmo habla de que los cielos tienen voz. ¿Cuál es el mensaje que la creación nos proclama?
  2. ¿De qué maneras la ley de Dios es perfecta, según la describe David en el versículo 7?
  3. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que puede decirse que la ley de Dios sostiene y preserva la vida?
  4. ¿Por qué estaba David tan preocupado por la condición de su corazón en relación con la ley de Dios? (sugerencia: leer el Salmo 24:3-4).

Reflexión

La contemplación diaria en la creación de toda la gloria y la grandeza de Dios puede servirnos de maravilloso recordatorio e impulso para que aprendamos y sigamos su Palabra. Una vez que verdaderamente hayamos entendido que es la ley de Dios lo que nos da vida, entonces dedicar tiempo para adorar a Dios y contemplar su majestuosidad será un deleite y no una tarea.