Lectura bíblica: Salmo 115:1-18

El contexto verdadero, como telón de fondo de la composición de este salmo, no se conoce con certeza. Las afirmaciones contundentes acerca de la futilidad de los ídolos y de quienes los adoran dan la idea de una época en la que Israel se enfrentaba a la adoración de ídolos, problema contra el cual la nación luchó hasta el exilio babilónico. El salmista, quien añora la reivindicación del nombre de Dios, sabe que solo el Señor es el soberano del Cielo y de la Tierra y solo Él merece todo el honor y la gloria porque no cabe ninguna comparación entre él y los dioses hechos por manos humanas.

Es por esto que el salmista suplicó con vehemencia al pueblo de Dios que confiaran siempre en Él (vv. 9-11). No podemos esperar nada si ponemos nuestra confianza en ídolos que no pueden ver, oír ni hablar. Pero aquellos que confían en el Señor Dios de Israel tienen la promesa de su bendición, porque como Dios verdadero, Él es el único que tiene el poder de hacer cumplir su voluntad. El salmo termina con un llamado para que alabemos a Dios desde ahora, cuando tenemos la oportunidad.

La vida es corta, así que reciba la sabiduría de Dios y viva la vida al máximo mientras Dios le provea y le bendiga.

Preguntas de estudio

  1. ¿Cómo contrasta el autor el poder soberano de Dios con el poder falso de los ídolos?
  2. Según el versículo 8, ¿cuál es el verdadero peligro de confiar en un ídolo falso?
  3. ¿Qué lección importante podemos aprender de la promesa de bendición para los que temen al Señor (vv. 12-15)?
  4. ¿Por qué dice el salmista que la Tierra fue dada a la humanidad?

Reflexión

Puesto que solo el Señor es Dios verdadero y creador del Cielo y de la Tierra, solo Él merece que lo adoremos y lo obedezcamos. Al concluir este breve estudio de los salmos, ore para que Dios le ayude a aplicar los nuevos conocimientos en su vida diaria.