Lectura bíblica: Salmo 42:143:5

Estos dos salmos aparecen unidos en muchos manuscritos hebreos, prueba de su estrecha relación. Que pudieron originalmente haber sido un solo salmo se nota en el hecho de que en el Salmo 43 no aparece en el título o sobre el título. Pero, desde luego que más allá de estas consideraciones puramente textuales está la triple repetición de la retórica e inquisitiva pregunta: «¿por qué te abates oh, alma mía y te turbas dentro de mí?».

A esto se le puede llamar dolorosa honestidad. El rostro del salmista bañado en lágrimas por la agonía que experimenta su alma. Pero había alivio para su angustia en la persona del Dios de Israel. El escrito era sin duda una persona de profunda espiritualidad, por cuanto anhelaba a Dios como un ciervo sediento brama por el agua que necesita para sobrevivir.

También anhelaba el santuario de Dios en su santo monte en Jerusalén (Salmo 43:3). Este bello canto nos recuerda otra vez que cuando las cosas están más oscuras, brilla al máximo la luz de Dios. Esto es un verdadero consuelo en esos tiempos difíciles que todos afrontamos.

Preguntas de estudio

  1. ¿Qué significa para el alma humana «clamar» o «bramar» por Dios?
  2. Una de las razones por las que el salmista estaba «abatido» era la puya y la opresión de sus enemigos. ¿Que nos enseña este estudio en cuanto a la respuesta de Dios a los que afligen a su pueblo?
  3. ¿Cómo pudo el salmista estar tan turbado aun sabiendo que Dios estaba cerca?
  4. De acuerdo con los salmos 42 y 43, ¿qué lugar tiene la alabanza en nuestras vidas?

Reflexión

Este pasaje es un estupendo recordatorio de que desear a Dios y depender de Él no son únicamente lindas opciones para sus seguidores, sino parte esencial de nuestra naturaleza. Ni aun estar rodeados de enemigos o de otras circunstancias angustiosas puede en forma permanente desestabilizar a una persona que tiene puestas su verdadera fe y esperanza en Dios.