Lectura bíblica: 2 Samuel 12:24-25; 1 Reyes 1:1-2:46

Para muchos, la mención del nombre de Salomón evoca imágenes de sabiduría, riqueza y poder reales sin paralelo en la historia. Salomón no fue el hijo mayor del rey David y, por ende, no era el sucesor a David en el trono, según el linaje. Sin embargo, Dios descartó a Adonías, el hermano mayor de Salomón, y escogió a Salomón como el siguiente rey de Israel. Algo que evidencia el favor de Dios hacia Salomón fue el nombre que Él mismo le puso: «Jedidías» (2 Samuel 12:25), que significa «amado del Señor». David prometió a Betsabé que Salomón le sucedería, pero en la familia real de Israel bullían las intrigas, pues Adonías conspiraba para tomar el poder. Mientras el anciano rey David caía enfermo y permanecía en cama, Adonías reclamó el trono y empezó a celebrar su ascenso.

Puesto que esto se hizo en secreto, muchas personas de la corte no sabían lo que ocurría. El profeta Natán, que durante muchos años había aconsejado a David, informó a Betsabé y a Salomón acerca de los hechos de Adonías, y les advirtió que sus vidas peligraban. Sin perder tiempo, Betsabé instó a David a declarar como rey a Salomón. Así lo hizo, y luego, quizá con apenas veinte años de edad, Salomón tuvo que lidiar con enemigos que no solo querían destronarlo, sino asesinarlo. Varios conspiradores, entre ellos Adonías, perdieron la vida al tiempo que Salomón consolidaba su poder y ponía fin a la turbulenta época en medio de la cual había llegado a ocupar el trono de Israel.

Preguntas de estudio

  1. ¿Cómo pudo el rey David asegurar a Betsabé que Salomón sería el rey de Israel?
  2. ¿Por qué Adonías quería reclamar el trono?
  3. ¿Por qué Salomón interpreta la solicitud de Adonías de casarse con Abisag como un intento por obtener el trono?
  4. ¿Por qué ordena Salomón la ejecución de personas como Joab y Adonías?

Reflexión

El ascenso del rey Salomón es un maravilloso ejemplo del favor del Señor. Este estudio nos recuerda la bendición que Dios ha reservado para aquellos que le son fieles y lo inútil que resulta intentar desviar la voluntad de Dios mediante intrigas humanas. Dios cumple sus promesas a quienes le sirven, sin importar lo que puedan hacer otros.