Lectura bíblica: 1 Reyes 5:1-6:1, 11-13, 37-38; 7:13-51

Si la sabiduría de Salomón fue su mayor cualidad, su mayor logro fue construir el primer templo del Señor en Jerusalén. Aunque el rey David había hecho planes y se había aprovisionado para construir el templo, se construyó hasta cuando Salomón asumió el poder. Según las descripciones que tenemos en las Escrituras, es claro que el templo de Salomón merecía ocupar un lugar entre las maravillas del mundo antiguo. Se necesitó el trabajo de miles de obreros y artesanos durante siete años para construir esta hermosa casa de adoración para el Dios de Israel, una morada digna del Dios verdadero.

Decir que Salomón no escatimó en gastos para la construcción del templo es quedarse muy corto. El rey mandó traer cedro en barco desde lejos. Tallas y decoraciones elaboradas cubrían las paredes del templo. Salomón entendió la magnitud del honor que se le había concedido de edificar el templo que su padre David había anhelado construir. Salomón estaba decidido a cumplir con excelencia su tarea y honrar a Dios construyendo un templo según las especificaciones exactas. El templo que Salomón construyó se convirtió en la piedra angular de la sociedad y la vida espiritual de Israel en los cuatro siglos siguientes.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué no se le permitió a David construir el templo?
  2. ¿Por qué Salomón incluye tantísimos detalles en la construcción del templo?
  3. Conscientes de que Salomón no terminó bien su vida, ¿por qué era tan importante lo que le dijo Dios en 1 Reyes 6:11-13?
  4. ¿Por qué el templo era un lugar tan sagrado para los israelitas?

Reflexión

Para Dios, nuestra adoración es un asunto serio. La construcción del primer templo sirve como lección de que aun los detalles más pequeños de la adoración son importantes para Dios y que, por consiguiente, deben serlo para nosotros. La forma exterior que toma la adoración no tiene como propósito sustituir la actitud correcta del corazón, pero ofrece una estructura dentro de la cual podemos expresar adecuadamente nuestra alabanza a Dios.