Lectura bíblica: 1 Reyes 8:1-66

Primero de Reyes 8 es uno de los capítulos más largos de la Biblia, pero estudiarlo a fondo le reportará grandes dividendos. La magnífica oración que elevó Salomón en la dedicación del primer templo constituye un modelo de oración del cual podemos aprender mucho en cuanto a la forma como expresamos nuestra alabanza y nuestras peticiones a Dios. El eje de esta gran ceremonia era llevar el arca del testimonio desde el tabernáculo que David le había construido (2 Samuel 6:17) hasta su instalación en el templo entre los querubines de oro. Sólo podemos imaginar el gozo que sintieron los israelitas cuando llevaban el arca por las calles de Jerusalén hasta su nueva morada.

Dios había escogido poner su «Nombre» en Jerusalén, como una declaración de todo lo que Él es, y el templo sería un santuario de su presencia. Salomón alabó a Dios por guardar su promesa de permitir al hijo de David edificarle un templo, y pidió la presencia, la protección, el poder, la misericordia y la victoria de Dios a favor de Israel. El número de sacrificios que se ofrecieron es alucinante, pero correspondía bien a la capacidad de Salomón. La dedicación del templo coincidió con la fiesta de los tabernáculos, que se celebró durante dos semanas en lugar de una en honor de esta gran ocasión.

Preguntas de estudio

  1. ¿Cuál era el significado de la nube que llenó el templo (v. 11)?
  2. ¿Por qué era tan importante para Salomón construir el templo?
  3. ¿Por qué era importante que el arca estuviera en el templo?
  4. En su oración, Salomón reconoció que la prolongación de las promesas de Dios dependía de la fidelidad de su pueblo (vv. 25-26). ¿Qué lección nos enseña más adelante la vida de Salomón acerca de la importancia de ser fieles al Señor?
  5. ¿Por qué era adecuado que la dedicación del templo ocurriera durante la fiesta de los tabernáculos?

Reflexión

Es probable que nunca tengamos una tarea de proporciones tan enormes como la que tuvo Salomón con la construcción del templo. Sin embargo, podemos demostrar la misma dedicación a la hora de honrar a Dios y cumplir sus propósitos en las tareas diarias que Él nos confía.