Lectura bíblica: 1 Samuel 1:1-2:36

El nacimiento de Samuel fue un acontecimiento de mucha bendición para Israel. Este gran líder entró en la escena al final de la época de los jueces, un período oscuro en la historia de la nación. Samuel fungió como el último juez y también como sacerdote. Pero su papel principal fue el de profeta: un portavoz de Dios que llamó a Israel a la fidelidad al Señor. Samuel también ungió a los dos primeros reyes de Israel: Saúl y David.

Pero todo esto fue mucho después de aquel día en el que Ana, la esposa de un israelita llamado Elcana, clamó al Señor pidiéndole que le diera un hijo, cuando fue a adorar en el tabernáculo en Silo. Ana era una mujer devota, y Dios oyó su oración. Ella había prometido dedicar el niño al Señor, por lo que llevó a Samuel al tabernáculo siendo aún pequeño. Allí, él creció y se formó bajo la tutela de Elí, el sumo sacerdote que estaba al frente de una nación corrompida. En ese ambiente de infidelidad, Samuel creció y sirvió al Señor. Un profeta anónimo pronunció un juicio contra Elí y su familia, abriendo así el camino para que Samuel asumiera el liderazgo para el cual estaba muy bien capacitado.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué Elcana y Ana estaban en el tabernáculo en Silo?
  2. ¿Por qué Ana sufría tanto por su esterilidad?
  3. ¿Por qué la promesa que Dios hizo a Ana fue tan importante para la vida de Samuel y de la nación de Israel (1 Samuel 1:11)?
  4. ¿Quiénes eran los principales promotores de la corrupción en Israel en ese tiempo (1 Samuel 1:3; 2:12-17, 22)?
  5. ¿Por qué fue tan duro el juicio de Dios que pronunció el profeta anónimo contra Elí y su familia (1 Samuel 2:27-36; vea también 3:12-14)?

Reflexión

Es fácil hacer promesas a Dios cuando le pedimos algo que anhelamos con fervor, y muchas veces lo hacemos con buenas intenciones. Pero en ocasiones nuestras buenas intenciones se desvanecen después de que recibimos lo que hemos pedido. Ana cumplió su voto a Dios y demostró con ello su fidelidad al Señor, y eso nos recuerda que no solo debemos ser prudentes a la hora de hacer promesas, sino también a estar dispuestos a cumplirlas sin importar cuánto cueste.