Lectura bíblica: 1 Samuel 3:1-21

El llamado audible de Dios a Samuel marcó el comienzo de una nueva era en Israel. Hasta ese momento, el sacerdocio había sido el medio principal de revelación para el pueblo.

Pero con el llamado de Samuel, Dios empezó una nueva época en la cual revelaba su Palabra por medio de los profetas.

Se hace evidente la frágil condición espiritual de la nación y la naturaleza decadente del sacerdocio de Elí por el hecho de que en aquellos días era «poco frecuente» una palabra de Dios. De hecho, era algo tan raro que Samuel pensó que lo que había oído era la voz de Elí. 

Hay que reconocer que Elí no tardó en darse cuenta de que la voz que llamaba a Samuel era la de Dios. El consejo de Elí fue muy sabio: «Heme aquí», esa es siempre la respuesta perfecta al llamado de Dios.

Aunque la naturaleza de la profecía que le fue dada a Samuel significaba un juicio demoledor para Elí, este lo aceptó como la voluntad de Dios.

Entretanto, Dios siguió dando su mensaje a Samuel, quien lo comunicaba a todo Israel, que consideraba a Samuel como un hombre de Dios.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué cree que Dios llamó a un niño a ejecutar su voluntad cuando Elí ya estaba al servicio como sumo sacerdote y tenía muchos más años de experiencia que Samuel?
  2. ¿Por qué pensó Samuel que era Elí quien lo llamaba aquella noche?
  3. ¿Cómo supo Elí lo que Samuel debía decir a Dios?
  4. ¿Qué quiere decir el versículo 19 con la afirmación de que ninguna de las palabras de Samuel «dejó caer a tierra»?

Reflexión

Cuando Dios nos llama, nuestro privilegio y responsabilidad es responder «Heme aquí». Aunque Dios no nos habla de manera audible como lo hizo con Samuel, podemos conocer su voluntad en las páginas de las Escrituras y por medio de la oración. Aún así, en ocasiones nos resulta difícil oír la voz de Dios porque permitimos que otras voces interfieran. Pídale a Dios que le ayude a discernir su palabra y a seguir su consejo.