Lectura bíblica: 1 Samuel 7:1-17

Uno de los mayores logros del extenso ministerio de Samuel fue dirigir la renovación espiritual que condujo a Israel de vuelta a la adoración exclusiva a Dios. El pueblo había practicado la idolatría durante muchos años, y la nación había alcanzado un punto crítico cuando el arca del testimonio fue capturada por los archienemigos de Israel, los filisteos. Durante siete meses este pueblo, que no era semita, había retenido el arca y también había capturado muchas ciudades israelitas. El pueblo se lamentaba de su condición, y Samuel aprovechó la ocasión para solucionar de raíz el problema de Israel.

Samuel dijo a los israelitas que el Señor los libertaría con la condición de que ellos se deshicieran de la gran cantidad de ídolos que tenían y se volvieran a Él. El pueblo accedió, y Dios contestó con bendición cuando Samuel intercedió por Israel. El cambio fue inmediato, porque Dios confundió al ejército filisteo y los israelitas pudieron vencerlos con facilidad. Israel recuperó muchas de sus ciudades y expulsó a los filisteos de su región. Samuel erigió una «Ebenezer» o «piedra de ayuda», en honor a la bendición de Dios. Samuel también siguió juzgando a Israel como un verdadero «predicador ambulante» que iba de ciudad en ciudad para llevar a cabo su ministerio.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué la captura del arca del testimonio por parte de los filisteos fue algo tan devastador para Israel?
  2. ¿Por qué intervino Dios en la batalla contra los filisteos relatada en este capítulo?
  3. El versículo 9 dice que Samuel ofreció un holocausto al Señor. ¿Cuál función importante  desempeñó Samuel mediante ese sacrificio?
  4. ¿Por qué los israelitas necesitaban que Samuel sirviera como juez de ellos?

Reflexión

La gran renovación espiritual que encabezó Samuel nos recuerda que Dios está siempre dispuesto a aceptar la adoración y la dedicación por parte de su pueblo. El verdadero arrepentimiento implica siempre apartarse de aquello que interfiere en nuestra devoción a Dios, sea lo que sea. Lea Malaquías 3:7, donde está la promesa de Dios para aquellos que se vuelven a Él.