Lectura bíblica: 1 Samuel 8:1-10:27

Este estudio comienza con una realidad más bien asombrosa que al pueblo de Israel debió parecerle increíble estando Samuel en vida. Al igual que ocurrió antes con Elí, Samuel tenía dos hijos que no servían a Dios con fidelidad.

Los hijos de Samuel, Joel y Abías, abusaron de sus cargos como jueces después de que el anciano Samuel los nombró para cumplir con las responsabilidades que él ya no podía ejercer. La corrupción de los hijos de Samuel se convirtió en uno de los motivos que llevó a los israelitas a exigir un rey que los gobernara.

Samuel estaba afligido por la petición del pueblo, pues sabía que esto evidenciaba falta de fe en Dios como Rey. Pero Dios dijo a Samuel que atendiera la solicitud del pueblo y ungiera a Saúl como el primer rey de Israel. En muchos sentidos, Saúl era una elección insólita. Salvo por su destacada apariencia física, parecía que Saúl tenía pocas cualidades que lo hicieran merecedor de ejercer el liderazgo. El hecho de que Dios escogiera a Saúl no significaba que él fuera el hombre perfecto para el trono, lo cual no tardó en demostrarse cuando Saúl le falló al Señor. Pero Israel insistió en tener un rey, y se mostró jubiloso cuando Saúl fue coronado.

Preguntas de estudio

  1. Además de su deseo por librarse de los hijos de Samuel, ¿qué motivó a los israelitas a pedir a Samuel que escogiera un rey?
  2. ¿Por qué ninguno de los hijos de Samuel hubiera elegido bien a un rey?
  3. ¿Qué cargas aceptaba llevar el pueblo de Israel al pedir un rey (1 Samuel 8:10-17)?
  4. ¿Por qué Saúl estaba indeciso en cuanto a ser rey de Israel (1 Samuel 9:21)?

Reflexión

Esta lección es un escueto recordatorio de lo que reza el dicho: no podemos esperar algo sin que cueste. El deseo de Israel de tener rey le costaría mucho al pueblo, pero a ellos no les preocupó las consecuencias de su decisión. Toda decisión tiene consecuencias, y hacemos bien en considerarlas antes de ir en pos de nuestros deseos.