Lectura bíblica: 1 Samuel 12:1-25

Samuel sabía que el discurso que pronunció (capítulo 12) era su última oportunidad para dirigirse al pueblo de Israel como su líder espiritual. Y Samuel, siempre fiel a su llamado, tenía para ellos algunas palabras duras, pero necesarias palabras de reprensión y amonestación para la nación.

El pueblo había pecado al pedir un rey, porque eso significaba que habían dejado de confiar en el Señor como su verdadero Rey y Libertador. La petición imprudente del pueblo tendría consecuencias a largo plazo, como Samuel ya les había advertido.

Samuel narró sucesos del pasado en los que Israel había desoído a los líderes escogidos por Dios, y había sufrido las consecuencia de su desobediencia. Declaró que Dios se apartaría del pueblo si ellos volvían a caer en la idolatría o si su rey era malvado.

Pero el gran profeta recordó también a Israel que Dios no había desechado a su pueblo. Lo mejor que podía hacer la nación en ese momento era permanecer fiel a Dios y negarse a adorar ídolos.

Samuel también dejó al pueblo con la reconfortante promesa de que él mismo oraría por ellos y les ayudaría a buscar a Dios.

Preguntas de estudio

  1. Samuel empezó su discurso afirmando su integridad como juez de Israel. ¿Por qué Samuel consideró necesario recordar al pueblo su servicio sincero?
  2. ¿Qué demostraban los hechos citados por Samuel en su breve recuento de la historia de Israel?
  3. ¿Por qué pidió Samuel truenos y lluvias?
  4. ¿De qué forma nos ayuda a ser fieles en el presente recordar las bendiciones del pasado?

Reflexión

Debemos ser sinceros y reconocer que en ocasiones es difícil confiar en Dios. Los seres humanos sentimos la necesidad del poder y de la presencia terrenal, pero al buscar estas manifestaciones podemos excluir a Dios. El mensaje de Samuel es un recordatorio necesario de que la autoridad suprema está en las manos de Dios.