Lectura bíblica: Samuel 13:1-22; 15:1-35; 16:1-13; 19:18-24; 25:1; 28:3-20

Los últimos días de Samuel debieron estar llenos de angustia porque fue testigo de la decadencia espiritual del rey Saúl. Samuel cumplió el doloroso deber de reprender a Saúl por su precipitación al actuar como sacerdote y por su desobediencia a Dios en lo ocurrido con los amalecitas. Samuel informó a Saúl que Dios lo había desechado como rey y que su linaje no ocuparía más el trono de Israel. Aunque Jonatán, el hijo de Saúl, derrotó a los filisteos, eso no cambió que Saúl fuera desechado, y Dios envió a Samuel a ungir a David, el niño pastor, como el nuevo rey de Israel.

Samuel fue en secreto a Belén, consciente de que Saúl podría matarlo a él y a David. Los temores de Samuel se confirmaron cuando los celos de Saúl frente a David explotaron en una ira asesina que lo llevó a perseguir a David hasta el día en que Saúl murió en batalla (1 Samuel 31). La muerte de Samuel unió a todo Israel bajo el luto por la pérdida de su gran líder y hombre de Dios. En un extraño capítulo de la trágica vida de Saúl, el rey buscó ayuda en una médium. Pero tanto Saúl como la médium quedaron atónitos cuando de manera sobrenatural apareció Samuel y confirmó el destino de Saúl.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué al final tuvo Dios que desechar a Saúl como rey?
  2. ¿Por qué intentaría Saúl asesinar a David a pesar de que aún tenía el control absoluto del trono?
  3. ¿Por qué el Señor habló por medio de Samuel, aunque Saúl era el rey de Israel?
  4. ¿Por qué Samuel lloró en secreto por Saúl?

Reflexión

Cuando Dios escogió a David como rey, las palabras que dijo a Samuel nos llenan de ánimo porque nos recuerdan que no tenemos que ser famosos para que Dios pueda utilizarnos, ya que «Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16:7).