Clubes de ancianos

Ami Farkas se reúne con un veterano de guerra de las FDI en un club de ancianos de La Fraternidad, quien le dice cuán agradecido es a los amigos de La Fraternidad en todo el mundo por su apoyo.

En un viaje reciente a la ciudad de Sderot en el sur de Israel, visité a un club social de ancianos que La Fraternidad ha renovado. El centro sirve a una población de ancianos de Yemen y Marruecos, así como muchos sobrevivientes del Holocausto, que vienen al centro con el fin de escapar la soledad de sus apartamentos y para disfrutar de una variedad de actividades y un almuerzo caliente que se sirve todos los días.

Había pasado mucho tiempo en el auto mientras manejaba a Sderot, y necesitaba un poco de cafeína para despertarme antes de mi primera entrevista. Así que me dirigí hacia donde tienen el café en el centro. Cuando extendí la mano para agarrar una taza, un hombre de edad avanzada con una barba corta y una disposición amistosa me adelantó, alcanzando la taza antes de mí.

“¿Cómo le gusta el café?”, me preguntó. “Me gusta negro”, le respondí. “¿Azúcar?”, preguntó. “¡Sí, por favor!”

Entonces extendió la mano y presentó a sí mismo. “Hola. Me llamo Shmuel. Un placer conocerle”, me dijo con una sonrisa agradable. Le dije mi nombre, Ami, y que trabajo para La Fraternidad, y pude notar por su expresión que él reconocía nuestro ministerio.

La Fraternidad hace una tremenda obra en nuestra comunidad”, comentó. “Desde construir refugios antibombas, dar de comer a los hambrientos y proveer solaz para la comunidad anciana, yo no podría estar más agradecido por lo que ha hecho su organización”.

Ahí cerca de la mesa del café, le pregunté a Shmuel cómo es la vida en Sderot, ciudad que ha experimentado algunos de los peores ataques con misiles en todo Israel y donde cientos de cohetes cayeron hace sólo unas semanas.

“Es una situación difícil, por no decir algo peor”, explicó. “Nunca hay un período extenso de calma aquí en Sderot. Vivimos de cese del fuego a cese del fuego”.

Shmuel conoce bien el conflicto. Él prestó su servicio como paracaidista en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y completó 29 saltos. Peleó en la Guerra de Yom Kippur en 1973 y participó en otras guerras más pequeñas en múltiples frentes de batalla. Después de servir honorablemente en el ejército, Shmuel trabajó como carcelero en Gaza, donde algunos de los terroristas más infames habían cumplido una condena.

“Los conocía a todos”, me dijo, mientras comenzó a mencionar terroristas cuyos nombres yo recordaba de las noticias. “Los jefes de Hamás y Yihad Islámica, todos estaban bajo mi mando”.

En el 2005, Israel salió de Gaza y la prisión donde trabajaba Shmuel se cerró, y el resto es historia. Ahora Shmuel está jubilado y vive en Sderot. Él pasa los días en el centro de ancianos de La Fraternidad, donde encuentra compañerismo, actividades y una comida caliente todos los días.

“Vivo totalmente solo. Todos mis hijos viven lejos y están tan ocupados tratando de llegar a fin de mes que los veo raramente. Entregué muchos años de mi vida a este bello país, y ahora en mi vejez estoy tan agradecido por La Fraternidad y por los innumerables amigos cristianos de Israel, que se interesan por un viejo veterano como yo”.