Comenzando el Año Nuevo de la forma correcta

¡Bienvenidos al 2019!

El primero de enero, todos nosotros recibimos 365 oportunidades para hacer de este año el mejor de todos. Los días y meses por delante están llenos de un potencial ilimitado. Pero me gustaría decirles, amigos, que estos primeros días son los que tienen la mayor potencial para afectar el año.

El judaísmo tiene un dicho: “Nuestros primeros pensamientos deciden el resultado final”. Esto significa que los pensamientos que tenemos al comienzo de cualquier cosa, ya sea un nuevo año, un nuevo empleo, una nueva relación, tienen el mayor impacto en cómo resultará esa nueva cosa.

Cuando tenemos pensamientos, es como si estuviéramos sembrando semillas. Lo que sembramos es lo que va a crecer y en última instancia lo que vamos a cosechar. Yo sé que esto es cierto, porque lo he experimentado de primera mano.

Cuando era adolescente, vine a visitar a Israel. Recuerdo haberlo gustado plenamente. Me encantó ver los lugares donde realmente ocurrieron las historias que había aprendido en la Biblia. Me quedé asombrada por la diversidad de judíos que provenían de Etiopía, Irán y Rusia, un testimonio de las profecías en la Biblia acerca de que se reunirán los exiliados. Observé las cosas pequeñas: cómo las abuelas recitaban los salmos en los autobuses, cómo los niños más pequeños hablaban el lenguaje de la Biblia, hebreo, con fluidez y cómo incluso los cajeros me deseaban “Shabbat Shalom”  los viernes, justo antes de comenzar el día de descanso.

Por primera vez en mi vida, me sentí como si verdaderamente estaba donde pertenecía. Decidí que un día viviría en mi patria, Israel, con mi pueblo.

Pero entonces la vida siguió su curso.

Regresé a los Estados Unidos y a mi escuela. Fui a la universidad, me casé y me establecí en mi propio hogar. Nunca pensé en vivir en Israel. Todo en mi vida estaba perfecto y no quería cambiar nada.

Entonces un día, mientras estaba orando y recitando las palabras: “Dios, por favor reconstruya rápidamente a Jerusalén, la ciudad santa, en nuestros días”, recordé a Jerusalén. Había rezado esta oración miles de veces, pero en ese día en particular, tuve un momento de inspiración que me hizo recordar cómo una vez había anhelado vivir en Israel. Recordé cómo me sentí allí. Recordé lo difícil que era dejar mi patria. De repente, volvieron los pensamientos y sentimientos que había tenido cuando era adolescente. Aquellos pensamientos me dieron la motivación de dejar atrás todo lo que me era familiar, tal como Abraham en la Biblia, y cumplir mi sueño de mudarme a Israel.

La semilla que sembré años atrás había brotado. El pensamiento que inicialmente tuve sobre vivir en la Tierra Santa se hizo realidad.

Si mis pensamientos hubieran sido diferentes, si mi viaje a Israel me hubiera hecho pensar que nunca podría vivir aquí, dejando el país de mi nacimiento, el idioma que conocía y la cultura con la cual estaba familiarizada, estoy segura que no estaría viviendo aquí hoy.

Si usted es como la mayoría de las personas, probablemente hizo algunas resoluciones de Año Nuevo. Y como la mayoría de las personas, probablemente no las cumplirá en todo momento durante todo el año. Pero le prometo que cualquier cosa que tiene la intención de hacer este año se quedará con usted. Puede que se caiga, pero se levantará de nuevo y finalmente alcanzará su meta. Porque “nuestros primeros pensamientos deciden el resultado final”.

Quiero bendecir a todos nosotros, para que en los días y las semanas venideras pensemos buenos pensamientos, tengamos intenciones puras y sembremos semillas santas. Que Dios nos conceda la sabiduría, la fortaleza y los recursos para que incluso nuestros pensamientos más ambiciosos den fruto rápidamente en nuestros días.