Entregando la Palabra de Dios

Shalom:

Hace un año nació una idea. Hoy, esa idea se ha convertido en una bendición tangible para el pueblo judío.

Todo comenzó el año pasado cuando visité Ucrania. El objetivo de mi viaje era llevar alimentos, medicinas y calidez a los sobrevivientes judíos del Holocausto que se encuentran en necesidad. Lo que vi en Ucrania fue horrible. Los sobrevivientes del Holocausto están viviendo sus últimos años en extrema pobreza. Tienen que soportar solos el brutal invierno, sin calefacción, sin electricidad y, en muchos casos, sin comida ni medicamentos suficientes.

Como dicen, “ver es creer”, así que compartí fotos y videos con quienes apoyan La Fraternidad y amigos de la organización en Estados Unidos. Quería que la gente comprendiera la difícil realidad en que viven estos ancianos judíos. Quería que la gente viera y escuchara sus súplicas de auxilio. También quería compartir la alegría en sus rostros cuando reciben nuestra ayuda vital. Quería que nuestros colaboradores fueran testigos de la diferencia significativa que han hecho en las vidas de estos sobrevivientes del Holocausto, que de otra manera estarían completamente solos.

Una mujer, llamada Dana, se sintió particularmente conmovida por la difícil situación de los judíos ancianos en Ucrania. Se puso en contacto conmigo y me dijo que quería hacer algo para ayudarles, pero no sabía qué. Después de orar al respecto durante algún tiempo, Dana tuvo una idea. Quería proporcionarles Biblias en audio a los judíos ancianos de Ucrania y Rusia, específicamente los cinco libros de Moisés, que podían escuchar cuando se sintieran solos u olvidados. Así podrían encontrar consuelo en la Palabra de Dios.

Me encantó la idea de Dana. A fin de cuentas, después de investigar lo que se necesitaba para que esta idea se hiciera realidad, nos dimos cuenta de que las Biblias en audio no eran una opción para las personas que ayudamos en Ucrania y Rusia. Ellos no cuentan con electricidad; ni siquiera tienen agua de la llave. Así que, en su lugar, decidimos crear una Biblia especial para estos judíos. Imprimimos los cinco libros de Moisés en hebreo, con traducciones en ruso y ucraniano.

Tan sólo esto es una gran bendición para el pueblo judío.

Pero aún no habíamos terminado con la idea de Dana. Ella quería distribuir Biblias en audio a hombres y mujeres mayores que habían emigrado de Ucrania o Rusia a Israel. Estos ancianos también necesitan ayuda y aliento mientras intentan establecerse en Israel sin saber hebreo y sin familiares ni amigos.

La semana pasada, la idea de Dana se hizo realidad cuando les regaló Biblias en audio a 50 nuevos inmigrantes de Ucrania y Rusia. Para mí fue extremadamente emotivo ver cómo se iluminaron los rostros de estas preciosas personas, que ya han pasado por tantas dificultades, cuando se les entregaron las Biblias en audio.

Siempre ayudaremos a los ancianos con sus necesidades básicas, como alimentos, medicinas y calidez, tanto en Israel como en Ucrania y Rusia. Pero mientras observaba a Dana distribuir las Biblias, escuché las palabras del profeta Amós en mi cabeza: “Vienen días (…) en que enviaré hambre al país; no será hambre de pan ni sed de agua, sino hambre de oír las palabras del Señor” (8:11).

Durante décadas, a los judíos de Ucrania y Rusia se les negaba el acceso a su religión, tradiciones y textos. De hecho, había una hambruna en la tierra: “…hambre de oír las palabras del Señor”. Afortunadamente, Dana reconoció que no es suficiente cuidar del cuerpo físico de una persona; también debemos nutrir su alma.

Yael