Escoger la vida

Shalom:

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. En una visita reciente al sur de Israel, la tierra de Israel me habló miles de palabras.

Durante la mayor parte del viaje de tres horas que hice para entregar ayuda a los residentes de Sderot, disfruté de hermosos paisajes verdes, la profecía bíblica ante mis ojos. La tierra pronunció las palabras del profeta Isaías: “Se alegrarán el desierto y el sequedal; se regocijará el desierto y florecerá como el azafrán. Florecerá y se regocijará” (35:1-2). Los árboles confirmaron las palabras del profeta Ezequiel: “Ustedes, en cambio, montes de Israel, echarán ramas y producirán frutos para mi pueblo Israel, porque ya está por regresar” (36:8). Mi corazón se llenó de alegría al ver el desierto en flor, los campos de producción agrícola y hectáreas de árboles frutales.

Pero cuando llegué a unos pocos kilómetros de la Franja de Gaza, el paisaje cambió por completo. Vi interminables tierras de cultivo quemadas. Presenciar toda esa tierra quemada, nuestra tierra santa, fue desgarrador. Este es el resultado de una nueva táctica que los terroristas en Gaza han estado utilizando para atacar a Israel. Han tomado cometas, un juguete para niños, y las han transformado en armas mortales. Los terroristas colocan explosivos en las cometas y usan el viento para enviarlas a Israel, lo que causa trauma, peligro y daño.

Esto ha estado sucediendo durante meses, con decenas de cometas enviadas a Israel diariamente. Mientras conducía, a cada pocos minutos pasaba un campo quemado y destruido por las cometas del terror. Me sentí devastada y totalmente indignada.

Pensé en el asombroso milagro que Dios ha hecho por el pueblo de Israel al hacer florecer la tierra cuando había estado estéril durante siglos. Si bien nadie pensaba que podíamos cultivar algo en nuestra desolada tierra, ahora cultivamos tanto que podemos exportar productos a otros países, y así cumplir otra profecía: “Días vendrán en que Jacob echará raíces, en que Israel retoñará y florecerá, y llenará el mundo con sus frutos” (Isaías 27:6).

Ver esta tierra, que Dios mismo ha tocado, siendo quemada y destruida me recordó que estamos luchando contra la maldad pura. Israel representa la vida, el crecimiento y la fe. Los campos quemados representan cómo el enemigo no tiene respeto por la vida ni por Dios.

Los kilómetros de tierra quemada que pasé me pusieron en estado de conmoción y desesperación. De repente, me estremecí cuando vi una cometa del terror volando cerca de donde yo estaba. La cometa voló un poco y luego aterrizó justo al lado de una comunidad judía e inició un fuego intenso en el campo que estaba a mi lado. Fue otro milagro de Dios que la cometa explosiva aterrizara en un campo y no en el pueblo donde hay casas y escuelas. Vi a Dios dirigir aquella cometa para que no cayera en las casas. Sin embargo, aún así destruyó el sustento de las personas a quienes pertenecen los campos.

Cuando finalmente llegué a mi destino, Sderot, el contraste en el paisaje me sorprendió de nuevo. A pesar de recibir lo peor de los ataques con cohetes y el terror de las cometas, Sderot es una ciudad en crecimiento, bulliciosa y llena de vida. Los residentes eligen vivir en Sderot y permanecer allí, a pesar de las amenazas de los terroristas en la cercana Gaza. Esta escena fue todo lo que yo necesitaba para recordar que no importa lo que nuestros enemigos pongan en nuestro camino, el pueblo judío no irá a ninguna parte. Israel continuará floreciendo.

Valoramos la vida y seguiremos viviendo, construyendo, plantando y prosperando. Ruego a Dios que algún día nuestros enemigos elijan hacer lo mismo.

Yael