Hacer oraciones poderosas

Shalom:

Hace más de una década, estuve en el Muro Occidental y oré. Rogué a Dios con todo mi corazón por un niño, un bebé sano y hermoso. Menos de un año después, volví al mismo lugar, pero esta vez con mi hija mayor en mis brazos, una gran sonrisa en mi rostro y oraciones de agradecimiento en mis labios. El nombre de mi hija es Chana, Ana, y al igual que la Ana de la Biblia, su esencia es la oración.

Esta experiencia se me quedó grabada en la memoria. Me recuerda el poder de la oración.

En la vida, hay muchos momentos en que se siente como si hubiésemos llegado a un callejón sin salida. Hay personas que quieren casarse, pero no han podido encontrar a la persona correcta. Personas que quieren tener hijos, pero siguen esperando. Personas que están enfermas y los médicos dicen que no se pueden sanar. Aquí en Israel, vivimos de guerra en guerra sin poder vislumbrar el final de los constantes ataques.

Las personas de fe pueden superar todo tipo de desafíos por medio de la oración, y de forma específica, al saber que Dios escucha nuestras oraciones.Me encanta ver a mis hijos orar. Ellos tienen plena confianza de que Dios está escuchando cada palabra que dicen. No tienen dudas de que se contestarán sus oraciones de una manera u otra.

De pequeña, me enseñaron a creer que Dios escucha nuestras oraciones. Una de las metas de vida más importantes que tengo es nunca dejar de ser una niña con respecto a ese tipo de oración. Incluso cuando paso por dificultades en la vida problemas que no desaparecen después de mi primera oración ni de la oración número cien, me esfuerzo por mantener la fe en que Dios está escuchando. Él me oye y se preocupa de mí. A menudo esto lo sé en mi mente, pero es mucho más difícil sentirlo en mi corazón.

El Talmud, la tradición oral del judaísmo, enseña que: “La oración es uno de los actos más elevados en el mundo, pero la gente la subestima”. En otras palabras, orar a Dios es una de las cosas más poderosas que podemos hacer para influenciar nuestras vidas y el mundo que nos rodea. Pero no siempre sentimos así. Cuando sabemos de manera verdadera y profunda que Dios está aquí mismo, junto a nosotros, con nosotros, escuchando cada palabra, entonces aprovechamos cada oportunidad para orar. Es nuestra respuesta a cada situación y nunca abandonamos nuestras oraciones.

El doctor no es Dios. El estado bancario no es Dios. Los detractores no son Dios. Sólo Dios es Dios, y él puede cambiar cualquier cosa. Cuando oramos con ese tipo de confianza y fe, nuestras oraciones son extremadamente poderosas.

Y cuando oramos, sabemos que Dios está escuchando. Sabemos que él está interesado. Juntos en oración, podemos mover montañas y alcanzar los cielos.

Que Dios escuche todas nuestras oraciones y las responda para bien. ¡Amén!

Yael