Nos interesamos, estamos aquí, ayudamos

Si una imagen vale más que mil palabras, entonces un encuentro de la vida real vale más que volúmenes de investigación y conocimiento.

Siempre he dicho que una de las ventajas más grandes que tiene La Fraternidad es que estamos sobre el terreno en Israel, así que podemos ver de cerca la sociedad israelí y comprender las necesidades complejas y sutiles de las poblaciones más vulnerables de Israel.

Hace poco más de dos años, yo visité a Yehudit, una anciana en Israel que recibe ayuda de La Fraternidad. Cuando llegué al edificio de apartamentos donde vive Yehudit, vi qué tan descuidado parecía. Por dentro no estaba mejor, y pronto me di cuenta que no había ascensor ni electricidad en el hueco de la escalera. Para cuando había subido los seis pisos para llegar al apartamento de Yehudit, me quedé sin aliento. Curiosamente, la puerta ya estaba abierta.

Entré y saludé a Yehudit con una gran sonrisa y abrazo. Era invierno, así que le di una manta y combustible para la calefacción en nombre de cristianos alrededor del mundo que apoyan La Fraternidad. Entonces comencé a platicar con ella, ya que el apoyo emocional y el compañerismo son tan importantes para nuestros ancianos que la ayuda física.

En el transcurso de nuestra conversación, le pregunté a Yehudit si ella había dejado la puerta abierta sin querer. Ella explicó que siempre dejaba la puerta abierta porque sufría de un asma grave, y que la puerta abierta le ayudaba a respirar mejor.

Entonces, aparentemente de la nada, Yehudit comenzó a llorar. Me dijo que estaba atemorizada de tener un ataque de asma en su apartamento y morir solo. Sugerí que podía llamar una ambulancia si en algún momento necesitaba ayuda, pero ella explicó que nunca lo haría. La última vez que lo hizo, recibió una factura por más de la mitad de su estipendio mensual. Yehudit prefería morir que vivir sin comida o dignidad.

Esto fue desgarrador. Le aseguré a Yehudit que La Fraternidad la ayudaría. Lamentablemente, nunca tuvimos la oportunidad. Sólo unos días después, una trabajadora social me dijo que Yehudit se había muerto de un ataque de asma a solas en su apartamento, tal como había temido.

Esta tragedia realmente nos conmocionó. La Fraternidad se dio cuenta de que nosotros teníamos que cuidar mejor a los ancianos, porque si no lo hicimos, nadie lo haría. Expandimos nuestro programa de alimentación que ya estaba dando de comer a miles de ancianos en Israel, y movilizamos a voluntarios que regularmente los visitarían. Además, creamos un programa médico que cubría los costos de medicamentos y proveía un teléfono de emergencia las 24 horas. Si alguno de nuestros ancianos se sentía que necesitaba una ambulancia, la mandamos inmediatamente, sin costo alguno.

Hoy día, en honor a Yehudit, más de 10,000 ancianos llevan puesto botones de emergencia, para que siempre puedan pedir auxilio. Más de 17,000 ancianos reciben alimentos y visitas regulares, para que nunca más tengan que sentirse solos. Estoy tan agradecida que a pesar de la trágica pérdida de Yehudit, pudimos salvar a innumerables otros.

No hay sustituto por estar en Israel, sobre el terreno, viendo de primera mano la ayuda que es necesaria. Esta es la fortaleza de La Fraternidad; nos interesamos, estamos aquí y seguimos encontrando maneras para ayudar a los más vulnerables en nuestra sociedad a vivir con dignidad, paz y amor.