Recordando la esclavitud, Celebrando la libertad

Foto: wikicommons/RadRafe

Algunos de mis mejores recuerdos de la niñez surgieron alrededor de la mesa de Pascua.

En la primera noche de Pascua, las familias judías en todo el mundo observan una cena ritual llamada el seder. Por lo general, los parientes y amigos, la comida deliciosa, el canto alegre y mucha narración de cuentos acompañan al seder, mientras celebramos el milagro del Éxodo. Para mí, siempre era un tiempo especial para conectarme con los familiares, para reír, para aprender, para cantar; y me inculcó costumbres que ahora transmito a mis propios hijos.

A medida que crecí y empecé a comprender el simbolismo detrás de los alimentos que comimos y el texto que leímos (llamado la Hagadá), noté que gran parte del seder se enfocaba en la amargura y esclavitud, no la libertad y alegría.

La matzá, un símbolo y elemento básico de la Pascua, es conocida en la Biblia como el pan de aflicción (Deuteronomio 16:3). Nos recuerda del pan del hombre pobre, el cual consiste de solamente harina y agua, que los israelitas comieron mientras que estuvieron esclavizados en Egipto. El comer matzá es un componente crítico del seder.

Adicionalmente, uno de los primeros rituales en el cual participamos durante el seder es sumergir un vegetal en agua salada. El agua que sabe a sal nos hace recordar las lágrimas que lloraron nuestros ancestros durante su esclavitud. Otro elemento que ocupa un lugar prominente en el seder es maror, la hierba amarga. Comemos y hablamos sobre este símbolo de amargura varias veces durante la comida.

Comencé a preguntarme: ¿Por qué nos enfocamos tanto en la esclavitud durante una fiesta que celebra la libertad?

Mi querido padre, el rabino Yechiel Eckstein, me enseñó la respuesta. Él explicó que nos acordamos de la experiencia de la esclavitud para que recordemos cómo se siente estar en una situación amarga y lleguemos a ser sensibles a aquellas personas que hoy están sufriendo amargamente.

Mi padre puso en práctica esta idea todo el tiempo, pero especialmente en la Pascua. Por 36 años a través de La Fraternidad, él trabajó incansablemente para proveer comida de Pascua a los judíos desesperadamente pobres en Israel y la antigua Unión Soviética. La pobreza es también una clase de esclavitud opresiva y cruel. Mientras celebramos nuestra libertad, no debemos olvidar los que todavía están esclavizados, ya sea por personas o por circunstancias. Desafortunadamente, muchos del pueblo de Dios todavía sufren hoy en día.

Décadas después de que mi padre comenzó su iniciativa, La Fraternidad ahora distribuye más de 70,000 paquetes de comida para la Pascua en Israel y la antigua Unión Soviética. Estos paquetes no sólo dan de comer a los hambrientos, sino que también nutren sus almas. Decimos a los necesitados que escuchamos sus clamores y vemos su sufrimiento, tal como Dios vio nuestro sufrimiento cuando éramos esclavos en Egipto.

La esclavitud, en su sentido más literal, todavía existe en nuestros tiempos. Además, los regímenes opresivos, las minorías perseguidas, las relaciones abusivas y la peor pobreza asedian nuestro mundo. Mi padre siempre tomaba un momento en la cena del seder para llamar la atención a aquellos que sufren en todo el mundo. Si existe alguna esperanza de librar el mundo de la esclavitud, en todas sus formas, primero tenemos que hacer caso. Necesitamos prestar atención al sufrimiento de los demás, sentir su dolor y comprometernos a tomar acción.

Esta fue la primera Pascua sin mi padre. Pero honramos a él y su legado mientras celebramos nuestra libertad, trabajando a favor de aquellos que todavía no están libres. Con la ayuda de Dios, alcanzaremos aún más personas, al renovar nuestro compromiso de ayudar al oprimido y servir los propósitos de Dios. Oremos para que juntos podemos demostrar a estas personas necesitadas la verdad del refrán hebreo: “La redención del Señor puede llegar en un abrir y cerrar de ojos”.

Con bendiciones desde la Tierra Santa,

Yael