Su Tierra Santa

(Foto: Amos Ben Gershom)

Israel es probablemente el único país en el mundo donde el Día de los Caídos precede directamente al Día de la Independencia. Vamos de un día de luto y tristeza inmediatamente a un día de felicidad y regocijo. Esto hace una declaración poderosa: No podemos celebrar nuestra nación hasta que reconocemos aquellos que han hecho el máximo sacrificio por ella. Son dos días muy emotivos que me afectan profundamente todos los años.

Al principio de este mes, cuando celebramos estos dos días trascendentales, mi gratitud a Dios por el Estado de Israel fue mayor que en cualquier Día de la Independencia anterior.

Estamos viviendo en tiempos aterradores. El fenómeno del creciente antisemitismo está en todas las noticias y los medios sociales. Casi todos los días sucede otro ataque contra los judíos en alguna parte del mundo. Muchas personas han comparado nuestra época a la década de 1930, en especial los años que precedieron inmediatamente a la Segunda Guerra Mundial. Existen paralelos escalofriantes entre el tipo de antisemitismo que estamos experimentando ahora y la clase que llevó al Holocausto. Una encuesta reciente descubrió que una tercera parte de los ciudadanos austríacos creen que algo parecido al Holocausto podría suceder de nuevo. Es atemorizante pensar que la historia podría repetirse.

Sin embargo, hay una diferencia importante entre 1939 y 2019. ¡Esta no es la década de 1930, en absoluto! En 2019, existe un Estado judío con uno de los mejores ejércitos del mundo. Por primera vez en 2,000 años, el pueblo judío vive como una nación independiente en nuestra patria bíblica. El establecimiento de Israel en 1948 cambió las reglas del juego para el pueblo judío, y no estoy segura que todavía lo valoramos plenamente.

Cuando mi abuelo y su familia estaban experimentando los horrores del Holocausto, no había ningún Israel a donde ir. No había donde escaparse, puesto que la mayoría de los países denegaron el acceso a los judíos que huían de los nazis. No había ningún ejército judío para abalanzarse y salvar la familia de mi abuelo. No había ningún líder judío que podía intervenir a su favor. Gracias a Dios, hoy vivimos en una realidad completamente diferente.

Mientras mi familia y yo sentábamos en nuestra manta, observando los fuegos artificiales del Día de la Independencia, pensé en cuán diferente era la vida de mi abuelo comparada a la mía. A pesar de todas las similitudes horribles entre la década de 1930 y hoy en día, existen diferencias milagrosas. El Estado de Israel es una de ellas, y la amistad de los cristianos es otra. Nunca antes en la historia el pueblo judío ha tenido amigos tan entregados, piadosos y amorosos como tenemos hoy en día. Mientras celebraba Israel, también di gracias a Dios por nuestros amigos cristianos.

Que quede bien claro; la historia no tiene que repetirse. No sabemos lo que depara el futuro para los judíos alrededor del mundo, pero sabemos que nuestro Dios es grande, que nos ha dado su Tierra Santa y que protegerá a su pueblo. Israel es un refugio seguro, un poderoso defensor, un epicentro espiritual y un lugar que todos los judíos pueden llamar su hogar.

Espero que me acompañe en alabar al Dios viviente que ha realizado estos milagros y nos ha llevado a este momento. Nuestro Dios es grande, y lo mejor está aún por venir.

Con bendiciones desde la Tierra Santa,

Yael